LA LÍRICA ESPAÑOLA HASTA 1939
1.- Movimientos.
El primer nuevo movimiento de la literatura española del XX es el Modernismo, que se caracteriza por:
a) Rechazo de la realidad cotidiana. Ante éste, el escritor tiene dos posibilidades: huída en el tiempo (con lo que canta a épocas pasadas que considera más esplendorosas que la actual) o huída en el espacio (los poemas se desarrollan en lugares exóticos.)
b) Búsqueda de la perfección formal (de inspiración parnasiana).
c) Búsqueda de la belleza, que -según los modernistas- se consigue a través de imágenes muy plásticas, el color, la musicalidad de los versos y los efectos sonoros (influencias del simbolismo).
d) Muestran tanto una fidelidad a las grandes estrofas clásicas como el gusto por ensayar variaciones sobre estos moldes métricos.
e) La gran riqueza léxica que usaron no persigue tanto precisión, sino el prestigio, la sonoridad o la rareza del vocablo.
El desgaste del lenguaje modernista hizo que surgiesen críticos y detractores desde su mismo seno, como es el caso de Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez (quien busca una depuración del simbolismo y un alejamiento del preciosismo. La palabra clave será pureza, la cual, según la poética juanramoniana, es tanto como desnudez: economía de medios, un extremado rigor en la construcción del poema).
Las vanguardias españolas ocupan un espacio paralelo al anterior, cuando no compartido. La recepción de la vanguardia en España es un fenómeno bastante inmediato. Ya en 1909, la revista Prometeo publica el manifiesto futurista del italiano Marinetti. En la misma revista, Gómez de la Serna publica «El concepto de la nueva literatura», que bien puede considerarse como la primera manifestación original de esta tendencia.
Las vanguardias rechazan
a) la herencia romántica –tan visible en el Modernismo- con su aprecio del subjetivismo o del sentimiento y
b) la herencia realista o naturalista.
Los rasgos que caracterizarían ese nuevo espíritu serían
a) el experimentalismo,
b) el juego,
c) la asunción de los nuevos inventos,
d) la integración de las artes,
e) la no división entre vida y literatura,
f) las rupturas lógicas o la libertad formal.
El ultraísmo -movimiento pionero de la vanguardia española- lanza su primer manifiesto en 1918. Junto al ultraísmo, surge otro movimiento de vanguardia: el creacionismo, si bien en la práctica ambos grupos tendían a aparecer en las mismas revistas y cenáculos literarios, sin excesivas distinciones de origen.
Hacia 1923 el impulso renovador de las vanguardias ultraísta y creacionista comienza a flaquear, y los escritores tientan caminos nuevos. Quien mejor definirá esos valores literarios emergentes es José Ortega y Gasset, personalidad de muy considerable influjo en el panorama literario español. Su estudio La deshumanización del arte (1925), es fundamental para comprender las ideas estéticas de esa década. El nuevo arte, según este pensador, tiende a considerarse como juego y nada más. En ese sentido, el nuevo arte sí es «puro», en cuanto «deshumanizado», y también es necesariamente minoritario e impopular. La importancia del factor estético hará que se use mucho la metáfora.
En realidad, la llamada Generación del 27 fue un grupo poco homogéneo; habitualmente se les ha solido ordenar por parejas o tríos. Así, por ejemplo, los poetas del Neopopularismo o neopopularistas, Rafael Alberti y Federico García Lorca, intentan acercarse a la lírica de Gil Vicente y del Romancero, o a la lírica cancioneril, buscando fuentes populares y en el folclor de la lírica tradicional, y algo de ello existe también en la aproximación que hizo Gerardo Diego, después de su etapa creacionista, a la lírica de Félix Lope de Vega gracias a la edición que hizo en ese tiempo José Fernández Montesinos.
Por otra parte, hay dos catedráticos de Filología hispánica que comparten intereses comunes y que incluso fueron amigos y tuvieron trayectorias muy parecidas: Jorge Guillén y Pedro Salinas.
El grupo surrealista está más nutrido, pero destaca especialmente el premio nobel Vicente Aleixandre y el que ha venido a ser el poeta más influyente de la generación durante la última mitad del siglo XX, Luis Cernuda, para el que el Surrealismo supuso una revelación que le hizo asumir su condición homosexual. Sin embargo, hubo otros poetas del 27 que notaron el impacto surrealista y que poseen etapas en su evolución marcadas por esta estética: Rafael Alberti, Federico García, Vicente Aleixandre, José María Hinojosa y Emilio Prados.
Estos dos últimos junto a Manuel Altolaguirre constituyen el llamado grupo de Málaga, constituido alrededor de la revista Litoral.
Sin embargo, en sus comienzos, la poética de estos autores tiene mucho de voluntad integradora:
a) lenguaje renovador, de raíz vanguardista y centrado en la imagen;
b) adscripción a la llamada “deshumanización” o «poesía pura»;
c) rigor constructivo;
La rebelión militar y el estallido de la guerra civil conducirán la poesía a un terreno donde la misma idea de pureza parecería un sarcasmo. Como es lógico, predomina la literatura de tendencia y agitación en ambos bandos en conflicto.
Nómina esencial del 27: Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre.
2.- Autores (por orden cronológico)
ANTONIO MACHADO (Sevilla, 1875-Colliure, Francia, 1939).
En su producción pueden detectarse diferentes influencias:
Por lo que concierne a su actividad poética, conviene señalar los siguientes rasgos:
1. Un amplio contenido: al evolucionar del Modernismo hacia la Generación del 98, pasa de los temas íntimos (que abarcan los conflictos religiosos y las preocupaciones existenciales) a los temas sociales (concernientes, sobre todo, a los problemas de España).
2. Una métrica clásica, en la que sintetiza las formas populares (como los versos octosílabo y heptasílabo, la rima asonante, las silvas, las coplas, los romances) y las cultas (los versos alejandrino y endecasílabo, la rima consonante, el soneto).
3. Una estilística sencilla en la que se debe destacar el uso del símbolo como representación de realidades más profundas.
A pesar de que algunos especialistas defienden la unidad absoluta de su producción, podemos distinguir en su trayectoria poética tres etapas fundamentales:
1. La modernista, en la que predomina una poesía lírica, repleta de intimismo y cuyos temas son las preocupaciones existenciales en torno a la vida, la muerte y Dios, el amor, los recuerdos nostálgicos de la infancia y la juventud. Este primer estadio poético está representado por Soledades (1903), volumen editado más tarde con el título de Soledades, galerías y otros poemas (1907) en el que se advierte una depuración del modernismo inicial (ciertas supresiones, algunas correcciones y muchos poemas nuevos) y que constituye una refundición definitiva del libro anterior.
2. La noveintayochista, en la que se decanta por una poesía más conceptual que evoluciona del subjetivismo inicial (la impresión del paisaje de Soria o la muerte de Leonor, su mujer) al objetivismo con el que el poeta intenta salir de sí mismo, inclinándose hacia el mundo circundante (los problemas de España, en especial). Esta etapa está representada por Campos de Castilla (1912), que es, asimismo, es ampliada con posterioridad (Poesías Completas, 1917).
3. De inquietud filosófica: las preocupaciones y reflexiones filosóficas, tan características de la Generación del 98, abarcan estos poemas y otros textos en prosa en los que se funden el subjetivismo y el objetivismo. Está representada por Nuevas canciones (1924) y sus últimos poemas, que aparecen agrupados en diversos conjuntos poéticos: Los complementarios, Cancionero apócrifo de Abel Martín, Cancionero apócrifo de Juan de Mairena y Poesías de Guerra.
En 1936, ya en vísperas de la Guerra Civil, publica un libro en prosa: Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo. Se trata de una reunión de ensayos que venía publicando en la prensa madrileña desde 1934. A través de esas páginas Machado-Mairena habla sobre la sociedad, la cultura, el arte, la literatura, la política, la filosofía. Usa una gran variedad de tonos, que va desde la aparente frivolidad hasta la gravedad máxima, pasando por la ironía, la gracia, el humor, etc.
Durante la década del veinte y primeros años de la del treinta, escribe teatro en colaboración con su hermano Manuel. Ambos estrenan en Madrid las siguientes obras: Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel (1926), Juan de Mañara (1927), Las adelfas (1928), La Lola se va a los puertos (1929), La prima Fernanda (1931) y La duquesa de Benamejí (1932).
(1881 Palos de Moguer (Huelva)-1958 San Juan de Puerto Rico).
La crítica suele dividir su trayectoria poética en tres etapas: sensitiva, intelectual y última o verdadera.
Etapa sensitiva (1898-1915). Esta primera está marcada por la influencia de Bécquer, el Simbolismo y el Modernismo. En ella, predominan las descripciones del paisaje como reflejo del alma del poeta, los sentimientos vagos, la melancolía, la música y el color, los recuerdos y ensueños amorosos. Se trata de una poesía emotiva y sentimental donde se trasluce la sensibilidad del poeta a través de una estructura formal perfecta. Pertenecen a esta etapa Rimas (1902), Arias tristes (1903), Jardines lejanos (1904), Elejías (1907), La Soledad Sonora (1911), Pastorales (1911) Laberinto (1913) y Estío (1916), entre otros.
Estío (1916) supone el cambio hacia la segunda etapa de Juan Ramón. El poeta se aleja del Modernismo en busca de una mayor depuración de la palabra. Desaparecen los ambientes nostálgicos, evocados y soñados, en favor de una realidad más concreta.
Su primer viaje a América marca profundamente esta segunda etapa (1916-1936). Se produce un hecho fundamental: el descubrimiento del mar como motivo trascendente. El mar simboliza la vida, la soledad, el gozo, el eterno tiempo presente. Se inicia asimismo una evolución espiritual que lo lleva a buscar la trascendencia. En su deseo de salvarse ante la muerte, se esfuerza por alcanzar la eternidad, y eso sólo puede conseguirlo a través de la belleza y la depuración poética. Suprime, pues,
a) toda la musicalidad,
b) los argumentos poéticos,
c) la aparatosidad externa y ornamental anterior para adentrarse en lo profundo, en lo bello, en lo puro, en lo esencial.
De esta época destacaremos Diario de un poeta recién casado (1916), Primera antolojía poética, (1917), Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919), Poesía (1917-23) y Belleza (1917-23).
Con Diario de un poeta recién casado (1916), titulado posteriormente (en 1948) Diario de poeta y mar, se inicia esta nueva etapa en la obra de Juan Ramón. Se trata de una poesía sin anécdota, sin los «ropajes del modernismo», una poesía estilizada y depurada, donde el poeta admira todo lo que contempla. Este poemario surge como fruto de su viaje a América. En el Diario, Juan Ramón experimenta con los temas y las formas, y abre una nueva corriente poética, que será explotada por algunos miembros de la Generación del 27.
En Piedra y cielo (1919) el tema central es ya la creación poética: la poesía como actividad, el poema como objeto artístico y el poeta como dios-creador de un universo nuevo. Se abre así una nueva línea temática que Juan Ramón ya no abandonará: la búsqueda de la sublimación poética y la intensificación creativa de una poesía pura, esquemática.
La Estación total (1923-36). Recoge los últimos poemas escritos en España. El 22 de agosto de 1936, Juan Ramón marcha al exilio.
Pertenece a la Etapa última o verdadera (1937-1958) todo lo escrito durante su exilio americano. Juan Ramón continúa replegado en sí mismo en busca de la belleza y la perfección. Su ansia por la trascendencia lo lleva a identificarse con Dios. Tras un período de relativo silencio, publica Animal de fondo (1949), Tercera antolojía poética (1957), En el otro costado (1936-42) y Dios deseado y deseante (1948-49).
En Animal de fondo (1949) el poeta busca a Dios, «sin descanso ni tedio». Pero ese dios no es una divinidad externa al poeta, sino que se halla en él y en su obra («tu esencia está en mí, como mi forma»; «en el mundo que yo por ti y para ti he creado» ). Ese dios al que se refiere es causa y fin de la belleza.
Dios deseado y deseante (1948-49) supone la culminación de Animal de fondo. El poeta llega incluso a identificarse con ese dios que tanto ha buscado. Un dios que existe dentro y fuera de él, un dios que es deseado y deseante.
Cabe distinguir cinco momentos en la lírica albertiana: neopopularismo, gongorismo, surrealismo, poesía política y poesía de la nostalgia.
El primer ciclo de su poesía, está constituido por Marinero en tierra, La amante (1926) y El alba del alhelí (1927). El poeta se sitúa en la tradición de los Cancioneros, pero desde la posición de un poeta de vanguardia.
En un segundo momento, una nueva tradición sucederá a la cancioneril: la de Góngora. El resultado es Cal y canto (1929, pero escrito entre 1926 y 1927). El gongorismo está en la profunda transfiguración estilística a que se someten los temas. En este libro aparecen unos tonos sombríos que anticipan a Sobre los ángeles (1929, pero escrito entre 1927 y 1928).
Sobre los ángeles -que abre la tercera etapa; esto es, la surrealista- nace como consecuencia de una grave crisis personal y en el marco de la crisis estética general común entonces a todo el arte de Occidente. El clasicismo anterior salta deshecho y, aunque todavía el poeta recurra a formas métricas tradicionales, el versolibrismo irrumpe triunfante. Las características de este poemario son
a) densidad de las imágenes,
b) violencia del verso,
c) creación de un mundo onírico e infernal.
Es, seguramente, el libro mayor del poeta, que prolongará sus tonos apocalípticos en Sermones y moradas, escrito entre 1929 y 1930, para cerrar el ciclo surreal con el humor de Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos (1929), en donde se recogieron poemas dedicados a los grandes cómicos del cine mudo.
La identificación de conducta privada y pública, que puede ser considerada un rasgo definidor del surrealismo, se traduce en Alberti en una toma de posición ideológica cercana al anarquismo, que lo conduce al ámbito de la poesía política, cuya primera manifestación es la elegía cívica Con los zapatos puestos tengo que morir (1930). Con la llegada de la Segunda República (1931), Alberti se escora hacia las posiciones del marxismo revolucionario. Los poemas de estos años serán recogidos en Consignas (1933), Un fantasma recorre Europa (1933), 13 bandas y 48 estrellas (1936), Nuestra diaria palabra (1936) y De un momento a otro (1937), en un conjunto que el autor llamaría El poeta en la calle (1938). Hay que añadir la elegía "Verte y no verte” (1935), dedicada a Ignacio Sánchez Mejías. El ciclo es desigual, pero hay logros notables.
En el destierro, se inicia el último ciclo de Alberti. De la poesía no política cabe destacar Entre el clavel y la espada (1941); A la pintura (1948), retablo sobre los temas y figuras del arte pictórico; Retornos de lo vivo lejano (1952) y Oda marítima seguida de Baladas y canciones del Paraná (1953), vertebrados por el tema de la nostalgia, en los que el verso culto alterna con el neopopular, y con momentos de alta calidad, que reaparecen en Abierto a todas horas (1964) y en el primer libro «europeo», Roma, peligro para caminantes (1968). La última producción albertiana es muy copiosa, sin que falte el poeta erótico, como en Canciones para Altair (1988).
La obra dramática albertiana está integrada por El hombre deshabitado (1930), Fermín Galán (1931), De un momento a otro (1938-39), El trébol florido (1940), El adefesio (1944), La Gallarda (1944-45) y Noche de guerra en el Museo del Prado (1956), además de adaptaciones y algunas piezas cortas.
LUIS CERNUDA (Sevilla, 1902-México, 1963).
La poesía cernudiana es una poesía de la meditación, que consta de cuatro etapas, según Octavio Paz: los años de aprendizaje, la juventud, la madurez y el comienzo de la vejez.
A la etapa inicial pertenecen las primeras poesías, publicadas en 1927 con el título de Perfil del aire -que muestran a un poeta elegante en su contemplación elegíaca del mundo - y Égloga, elegía, oda, escrito entre 1927 y 1928, que rinde homenaje a la tradición clásica a la vez que toca algunos temas muy cernudianos: amor y eros en especial.
Con Un río, un amor y Los placeres prohibidos, escritos entre 1929 y 1931, se abre el ciclo de la juventud. Esos dos libros revelan la adhesión de Cernuda al surrealismo. Aunque el clasicista que siempre hubo en él atemperen muchas veces la ruptura formal, lo esencial de esos poemarios es su espíritu de rebeldía contra el orden establecido. En Los placeres prohibidos la rebelión crece con la abierta reivindicación de la homosexualidad.
Donde habite el olvido (1934) es un libro neorromántico, «superbecqueriano», que desarrolla una elegía amorosa. Invocaciones, de 1934-35, presenta al neorromántico dilatándose en amplios poemas que celebran las glorias del mundo y exaltan la misión del poeta.
El período de madurez arranca con Las nubes (1940 y 1943), uno de los más bellos libros de poesía sobre la Guerra Civil, donde lo elegíaco alcanza su plenitud. Bajo el estímulo de la lírica inglesa, incluye monólogos dramáticos, como «La adoración de los magos». Prolonga tono y estilo en Como quien espera el alba (1947). Obsesionado con sus recuerdos sevillanos, elabora en prosa Ocnos (1ª ed. en 1942, luego ampliada: 1949 y 1963), esencial para entender su mitología del Edén perdido.
En México se desarrolla su última etapa. Allí compondría Variaciones sobre tema mexicano, 1952, Vivir sin estar viviendo (1944-49) y Con las horas contadas, de 1950-56, que en ediciones posteriores incorporará los Poemas para un cuerpo (Málaga, 1957). Es perceptible la sustitución de la anterior musicalidad elegante, garcilasiana, por un ritmo seco, duro, y por la renuncia a toda ornamentación en favor del concepto. Este estilo alcanza su plenitud en Desolación de la Quimera (1962).
Cernuda es autor de una obra crítica (Estudios sobre poesía española contemporánea [1957] o Poesía y literatura, I y II [1960 y 1964]) que, más allá de algunas arbitrariedades, ha permitido revisar tópicos y estimaciones.
En 1985 se
editó su única obra de teatro, La familia interrumpida.
FEDERICO GARCÍA LORCA
(Fuente Vaqueros, Granada, 1898-Víznar, Granada, 1936)
El universo lorquiano se define por un palpable sistematismo: la poesía, el drama, la prosa se alimentan de obsesiones y claves estilísticas constantes. La variedad de formas y tonalidades nunca atenta contra esa unidad cuya cuestión central es la frustración.
Poesía
La trayectoria poética de Lorca se desarrolla a lo largo de unos veinte años; su producción, muy abundante, se vio truncada por su asesinato semanas antes del estallido de la guerra civil. Su condición homosexual y su identificación con el bando e ideales republicanos fueron factores determinantes para ello.
A. Se pueden establecer las siguientes etapas en su trayectoria:
-Unos primeros libros de juventud que se caracterizan por la influencia del modernismo, de Bécquer y de poetas contemporáneos, como Machado y Juan Ramón Jiménez (poesía pura), y algo de la vanguardia. Se perfilan ya su estilo y su tono angustiado y dolorido. El tema de la nostalgia de la niñez, su interés por lo trágico y, en general, sus inquietudes humanas y estéticas están ya presentes [Libro de poemas (1921); Canciones; Poema del cante jondo; Suites (1921-1924)].
-Obra de madurez: el Primer romancero gitano (1928) y Poeta en Nueva York (1940). Los poemas de este último libro son de estirpe surrealista, con hondo contenido amoroso y social: la homosexualidad, el poder, la injusticia, la máquina, la deshumanización, los negros, etc. Formalmente, destaca el uso del versículo.
-A la última etapa pertenecen los siguientes libros: Diván del Tamarit (con influencias de la poesía árabe, presenta una lírica más recogida, vuelta de nuevo al paisaje nativo de Granada, pero cuya materia poética sigue siendo el amor y la muerte); el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (con influencia surrealista); y los Sonetos del amor oscuro (escritos entre 1935 y 1936 -pero inéditos hasta 1984-, con un estilo más clásico ofrecen muestras admirables de intensidad homoerótica).
B. Temas principales.
A lo largo de toda su trayectoria poética, Lorca mantiene un interés constante por una serie de temas:
a) La frustración o el incumplimiento de un destino por culpa de la adversidad; es uno de sus temas más habituales y puede presentarse bajo la forma de distintos contenidos, como por ejemplo la esterilidad: la imposibilidad o renuncia a la perpetuación de la especie, que tiene en Lorca una dimensión trágica; se trata de un tema obsesivo y en su poesía aparece vinculada a la homosexualidad (en los Sonetos de amor oscuro, por ejemplo).
b) El amor, casi nunca platónico y siempre trágico y frustante.
c) La muerte: frecuentemente vinculada al amor, a la violencia y a motivos no claramente explicables, misteriosos, propios del destino.
d) Lo religioso: fundamentalmente, aparece en la obra de Lorca bajo la forma del sentimiento de desamparo existencial que sufre el ser humano en muchas ocasiones; no es una religión tradicional, sino mítica, primitiva, panteísta, en donde las fuerzas de la naturaleza y del destino tienen un papel dominante. De la religión tradicional Lorca suele hacer uso de sus elementos más populares (los santos, la Virgen, etc.).
e) Andalucía: es el gran espacio mítico y simbólico de toda la obra de Lorca; un espacio sin tiempo ni geografía precisos.
C. Estilo.
a) Los símbolos: de acuerdo con su gusto por los elementos tradicionales, Lorca utiliza frecuentemente símbolos en su poesía. Se refieren muy frecuentemente a la muerte aunque dependiendo del contexto los matices varían bastante. Son símbolos centrales en Lorca:
-la luna: es el más frecuente en Lorca. Su significación habitual es la de muerte, pero también puede simbolizar el erotismo, la fecundidad, la esterilidad o la belleza;
-el agua: generalmente, tiene un significado negativo, de muerte;
-la sangre: es vida; por ello, la sangre derramada es la muerte. Simboliza también lo fecundo, lo sexual;
-el caballo (y su jinete): está muy presente en toda su obra portando siempre valores de muerte;
-los metales: también su valor dominante es la muerte. Los metales aparecen bajo la forma de diversos objetos: puñales, cuchillos, navajas..., con lo que esa muerte se liga a la violencia y a la sangre.
b) La metáfora: es el procedimiento retórico central de su estilo. Bajo la influencia de Góngora, Lorca maneja metáforas muy arriesgadas: la distancia entre el término real y el imaginario es considerable. En ocasiones, usa directamente la metáfora pura. Sin embargo, a diferencia de Góngora, Lorca es un poeta conceptista, en el sentido que su poesía se caracteriza por una gran condensación expresiva y de contenidos, además de frecuentes elipsis.
c) El neopopularismo: aunque Lorca asimila sin problemas las novedades literarias, su obra está plagada de elementos tradicionales. La música y los cantos populares son presencias constantes en su poesía.
Teatro
El teatro de Lorca es, con el de Valle-Inclán, el de mayor importancia escrito en castellano en lo que va de siglo. Es un teatro poético, en el sentido de girar en torno a símbolos medulares -la sangre, el cuchillo o la rosa-, desarrollarse en espacios míticos o de un realismo trascendido, y encarar problemas sustanciales del existir. El lenguaje, aprendido en Valle-Inclán, es también poético. Sobre Lorca influyen también el drama modernista (de aquí deriva el uso del verso), el teatro lopesco (evidente, por ejemplo, en el empleo estratégico de la canción popular), el calderoniano (desmesura trágica, sentido de la alegoría) y la tradición de los títeres. La producción dramática de Lorca puede ser agrupada en cuatro conjuntos: farsas, comedias «irrepresentables» (según el autor), tragedias y dramas.
Entre las farsas, escritas entre 1921 y 1928, destacan La zapatera prodigiosa, en la que el ambiente andaluz sirve de soporte al conflicto, cervantino, entre imaginación y realidad, y Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, complejo ritual de iniciación al amor, que anuncia los dramas «irrepresentables» de 1930 y 1931: El público y Así que pasen cinco años, sus dos obras más herméticas, son una indagación en el hecho del teatro, la revolución y la presunta homosexualidad -la primera- y una exploración -la segunda- en la persona humana y en el sentido del vivir.
Consciente del éxito de los dramas rurales poéticos, Lorca elabora las tragedias Bodas de sangre (1933) y Yerma (1934), conjugación de mito, poesía y sustancia real.
Los problemas sociales determinan los dramas. Así, el tema de la solterona española (Doña Rosita la soltera, 1935), o el de la represión de la mujer y la intolerancia en La casa de Bernarda Alba, para muchos, la obra maestra del autor.
Emilio Prados (Málaga 1899-
México 1962)
Sus primeros poemarios, Tiempo. Veinte poemas en verso (1925) y Canciones del farero (1926), se inscriben dentro del neopopularismo andaluz, mientras que Seis estampas para un rompecabezas (1925) y Llanto subterráneo (1936) pertenecen al surrealismo. La guerra le lleva a componer poemas sociales y combativos, recogidos en Romances (1937) y Cancionero menor para los combatientes (1938). De su producción en el exilio cabe destacar Jardín cerrado, Penumbras y Río natural, escritas entre 1940 y 1956. Obras en las que la entrega amorosa es el único elemento que salva al poeta de la soledad, la muerte y la desesperación.
Manuel Altolaguirre (Málaga
1905- Burgos 1959)
Es posiblemente el poeta más espiritual e intimista de la Generación del 27. En sus composiciones se observa la huella de San Juan de la Cruz, Garcilaso, Juan Ramón Jiménez y Pedro Salinas. Aunque su producción es breve y desigual, supo crear un mundo intimista, pero rico en matices. Entre sus obras destacan Las islas invitadas (1926), Poemas del agua (1927), Soledades juntas (1931), La lenta libertad (1936), Nube temporal (1939), Fin de un amor (1949) y Poemas en América (1955).
Además de su poesía, Altolaguirre escribió un libro de memorias, El caballo griego, numerosos artículos de crítica literaria, algunas traducciones y obras de teatro.
Tampoco debemos olvidar su labor como editor. En 1926 funda en Málaga -junto a Emilio Prados- Litoral, revista en la que publicará buena parte de la generación del 27, y durante su exilio cubano creó la imprenta La Verónica dedicada, también, a la edición de textos literarios.